CAPITULO 11: LA PISTOLA

Raúl salió de la habitación de su padre con la pistola en la mano. Entró en su habitación y guardó el arma en su mochila. Después bajó a comerse los macarrones con queso que había dejado calentándose en el microondas.

Pasó el resto de la tarde haciendo deberes y viendo la televisión. Cuando por la noche se metió en la cama su padre no había regresado todavía, llegaría de madrugada como de costumbre. Pocas veces le veía entre semana por culpa del trabajo. Hablaban un poco durante el desayuno hasta que su padre se iba al trabajo y él a clase.

Se quedó dormido enseguida, pensando en el día que le esperaba mañana.

A las siete de la mañana comenzó a sonar el despertador. Raúl se levantó de la cama, se dio una ducha y se vistió. Cuando bajó a desayunar su padre ya estaba sentado en la mesa tomándose su café y sus tostadas.

– Buenos días- le dijo Raúl.

-Buenos días- le contestó su padre- ayer cuando llegué ya estabas dormido. ¿Qué tal te fue el día?

-Como siempre- le respondió Raúl.

-¿Te siguen molestando esos chicos?- le preguntó su padre.

-No, ya no me molestan- le contestó Raúl- He decidido plantarles cara como me dijiste, no se van a volver a meter conmigo nunca más.

-Así me gusta- le dijo su padre orgulloso- Hay que plantarle cara a los problemas y a los miedos.

-Bueno papá voy a por la mochila y me voy a clase, que hoy quiero llegar pronto.

-Pero desayuna algo- le dijo su padre.

-No tranquilo- le contestó Raúl- ya comeré algo en el instituto.

Subió corriendo las escaleras, entró en su cuarto y se agachó al lado de la mochila. Miró dentro para comprobar que el arma seguía allí y se colgó la mochila al hombro. Bajó las escaleras corriendo, se despidió de su padre y salió de casa.

Por fin llegó al instituto. Estaba nervioso pero totalmente decidido a hacer lo que había planeado. Cruzó la puerta de entrada y atravesó el pasillo buscando a Martín, Marcos o Víctor pero no vio a ninguno de los tres. A lo mejor habían decidido no ir a clase después de lo que había pasado el día anterior. Entonces vio salir a Martín de clase y entrar en el cuarto de baño. Aquel era su momento. Fue a toda prisa hacia el baño y entró tras Martín. Este, al notar que alguien entraba detrás de él se giró para ver quién era, entonces Raúl le propinó un puñetazo en la mejilla con tanta fuerza que le tiró al suelo.

-¿Pero qué haces? Es que no tuviste bastante ayer. Te voy a partir la cara y hoy no tienes a nadie que te defienda- le gritó Martín desde el suelo.

Raúl sacó rápidamente la pistola de la mochila.

– Te equivocas, hoy he venido con mi amiga- le dijo mostrándole el arma.

Martín se quedó mirándole desde el suelo completamente paralizado por el miedo.

CONTINUARA…