Acerca del ataque, tendencioso y manipulado, del Eco Católico a las familias homoparentales

Hacemos referencia aquí a un artículo publicado en el semanario Eco Católico, titulado “Advierten riesgos mayores en niños criados por homosexuales”, el cual a su vez remite a un estudio del sociólogo mexicano Fernando Pliego. La nota en mención es falaz y manipulada, y lanza un ataque carente de cualquier fundamento, como enseguida lo mostramos:

  1. El estudio del profesor Pliego excluye explícitamente los hogares formados por parejas del mismo sexo, toda vez que, al momento del estudio, éstas representaba el 1% del total de los hogares, por lo que los datos carecerían de toda representatividad. En este sentido, el artículo del Eco Católico simplemente miente.

 

  1. El estudio diferencia entre hogares formados por parejas heterosexuales casadas, que son madre y padre biológicos de los hijos e hijas que hayan, respecto de otro tipo de parejas o arreglos familiares.

 

  1. Se llega a la conclusión que, en general, el nivel de bienestar es superior, y las manifestaciones de violencia y abuso, son menores, en el mencionado tipo de familias.

 

  1. El autor omite los datos sobre el porcentaje de parejas heterosexuales casadas que se divorcian o separan y, por ello mismo, omite analizar las razones detrás de tal ruptura. Si esto no es estudiado apropiadamente, es imposible entender las consecuencias menos favorables que se dan para hijos e hijas de parejas que no calzan en el tipo de familia en el cual se centra la atención.

 

  1. En concordancia con lo anterior, se omite estudiar cuáles son los factores que han permitido la estabilidad de las parejas heterosexuales casadas a que el autor hace referencia.

 

  1. Al no clarificarse los aspectos mencionados en los puntos 4) y 5) anteriores, las “correlaciones” que este autor sugiere, arriesgan ser espurias y muy posiblemente lo son. Es decir, los efectos benéficos que se intenta establecer entre “parejas heterosexuales casadas” y “efectos beneficiosos para hijos e hijas”, podría ser el resultado, no de esa condición en particular, sino de los factores que hacen posible que esa condición esté presente. Dicho de otra forma: usualmente una pareja es estable porque su relación es de calidad suficiente como para hacer posible tal estabilidad. En cuyo caso, el beneficio para la prole muy posiblemente deriva de la calidad de la relación de sus progenitores, más que del hecho de que estos estén casados, ya que esto sería producto o efecto, no causa.

 

  1. En la medida en que otros arreglos familiares, pudieran surgir a partir de condiciones menos favorables, ello seguramente tendría incidencia para niños y niñas. Cuando ha habido conflicto en la pareja que eventualmente conduce a rupturas, y dependiendo de las causas detrás del conflicto y de la forma como éste se desenvuelva, ello podría afectar negativamente a los hijos e hijas. En otros casos –por ejemplo madres solas– las condiciones socioeconómicas pueden ser sumamente difíciles y astringentes. Pero eso advierte, no sobre un problema familiar o individual, sino sobre una problemática propiamente social. Convertirlo en un asunto atribuible a tal forma de familia, encubriría las causas más profundas y tendría efectos desorientadores muy graves.

 

  1. La conclusión normativa (de trasfondo moralista-religioso) a la que (de forma poco transparente), a que el profesor Pliego quiere llevar su análisis, claramente sugiere una posicionamiento  extra-científico. El problema principal no está en que exista ese posicionamiento, sino en que éste no es reconocido, con un clarísimo agravante: es una posición ideológica que tiñe todo su análisis. Si los datos son claros en el sentido de que los arreglos familiares basados en parejas heterosexuales casadas, son a menudo inestables y con considerable frecuencia concluyen en separación o divorcio, un abordaje científico serio buscaría profundizar en las causas sociológicas, culturales y económicas que subyace a esa realidad, en vez de limitarse a idealizar un modelo de familia que, hasta en el mejor de los casos, va en declive. Solo sobre la base de una comprensión rigurosa de esas realidades más profundas, es posible promover políticas públicas y estrategias educativas que resguarden el interés de las niñas y niños. La aproximación normativa y moralizante que, implícitamente, es favorecida por el autor, y que tanta complacencia genera en el Eco Católico, tendría exactamente el efecto contrario, ya que orientaría las acciones y decisiones que se tomen, hacia la sobrevivencia de un tipo particular de familia, cuya estabilidad, bien se sabe, no tiene hoy ninguna garantía a priori. Pretender imponer eso como receta, seguramente causaría enorme daño a muchísimos niños y niñas.

 

Dr. Luis Paulino Vargas Solís

Presidente Movimiento Diversidad Abelardo Araya

Director CICDE-UNED

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